Sabes algo, mi querido amigo, te he llorado tanto que no he dormido.
Luna negra, mi único testigo de los sueños, sueños repetidos.
Entregar tanta soledad, mata a cualquiera, es bueno saberlo.
Y aunque sé, no hay maldad alguna más que la infortuna de no saber que hacer...
Las horas pasan y ni nos damos cuenta, y las heridas finalizan de sangrar.
Pero aquellos días, nunca, nunca volverán.
Nunca, nunca volverán...
No me pidas, que sienta lo mismo,no me sigas, códigos perdidos.
Es la franja, inevitable zanja, embarrados no perdemos nada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario