No creo que todo tenga que ser así, no puedo aceptar que todo tenga su fin. Sé que es parte del frenesí, aunque vivo incompleto. Desmotiva vivir abrazando el recuerdo.
Mejor terminar antes del aburrimiento, sacudir el pólen que dejan los sentimientos, esos que florecieron... arrancarlos de raíz y en el devenir venderlos a buen precio.
Toda herida deja su cicatriz, ya más tarde sonreís, es cuestión de darle tiempo a que lleguen los momentos indicados para dar con ese trago... élixir de amor sin reclamos.
Estoy flashando como siempre, soy una especie de iluso, un demente. Perdón, es que sufro de nervios y angustia constantemente, soy todo lo que no puedo prometerte.
Dentro de mí circula una frívola serpiente, que envenena el corazón cada vez que llueve, cuando la verdad prevalece indeleble, dentro de un portal de dimensiones diferentes.
Pude lograr ser fuerte, gracias a los presentes. Si es por mí moriría. Solo la minoría crece viendo crecer el verde, dejando que penetre la luz de un día celeste.
Cuando nos acobija esa melodía en un mediodía lleno de promesas. Si nos persigue la algarabía serán las migas de un despliegue de emociones y nociones intensas.
El tiempo que abarca un mortal en la tierra, mientras su dicha quiere hacerse eterna, pues la conciencia experimenta la existencia de un espíritu en plena sensación impresa.
De vuelta al eje, donde empecé a pensarte incesantemente, es todo parte del azar y de la suerte. Estoy en medio del mar buscando algo de tierra para cuidar un corazón inerte.
Jamás será el final, todo es parte de un ciclo inmortal, en el aire florece amor y amistad. Poder confiar en cada pestañeo, en cada encuentro, cuando se comparte la soledad.
No hay nada más qué decir, demasiadas manzanas mordí para hacerme el indiferente. Quien no busca encuentra, un souvenir que me recuerda que todo lo bueno dura para siempre.

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