Carta de un gigolo enamorado

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La extraño. Extraño su pelo, su sonrisa, su boca, su cuello, sus "te quiero" al oìdo, la forma en la que nos decíamos todo sin hablar, su inocencia tan pervertida, la manera en la que quedábamos sin ropa en un pestañeo,
la coreografía perfecta que hacíamos en la cama, mi cintura contra la suya, la manera de morderme para no despertar a los vecinos, su afecto al terminar, sus ronquidos, tener que despertarla dos o más veces para desayunar... La extraño.

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