Crema de estrellas

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Que la mujer que ames esté en la habitación con otro hombre.
Que la ames.
Y que ella esté haciendo el amor con otro hombre mientras vos estás en la habitación de al lado.
Que llenes el espacio de música para tapar voces y sonidos que luego no podrías nunca olvidar.
Que alguien golpee a tu puerta.
Que al abrir la veas a ella envuelta en una toalla.
Que te sonría.
Que te diga si podes ir a comprar cigarrillos, para ella y para su amante.
Que la mujer que ames haya ido hasta tu cuarto a pedirte que, ya que estas vestido, compres cigarrillos para ellos.
Y que vayas, que la quieras tanto.
Que llueva.
Que corras por la calle hasta el quiosko a comprarles cigarrillos.
Y que llueva mucho.
Que regreses empapado con los cigarrillos.
Que la llames.
Que golpees a la puerta de su habitación.
Que tengas que repetir su nombre.
Que escuches los sonidos de algo imprevistamente recomenzado.
Que escuches jadeos de placer.
Que vuelvas a tu cuarto.
Que pasen los minutos como siglos.
Que ella, la mujer que amas, envuelta en una toalla, llame nuevamente a la puerta.
Que abras y te encuentres otra vez con su sonrisa.
Que tengas que sonreír.
Que debas imponerle otra sonrisa a tu confusión.
Que le des los cigarrillos y que ella te agradezca por haber ido con esa lluvia.
Que te pregunte cómo estas.
Y que le respondas que estás bien.
Y que no sea cierto.
Que te suceda algo así... para que me entiendas.

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