Tu amor nunca respondió a mi sentir ardiente de mujer enamorada.
No te calaron mis sueños escritos en papeles con palabras que yo arrancaba de mi alma y te decía.
Y veo que emprendes la partida con tu soberbia de siempre, con tu prepotencia de haberte amado y profundamente querido.
Con un desinterés que llena de lágrimas mis ojos... sereno, sin un gesto de tristeza, sin una mirada de un porqué perdido, sin una esperanza, me desprecias y tiras como cual papel.
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