Admirar todo lo que guste, deleitarse con las más inocentes excusas, detener el tiempo mientras se ve a la persona amada hacer algo tan
simple como hablar, fruncir el ceño o jugar infantil y tiernamente con
un peluche.
Agregue dulzura a gusto.
Añada sonrisas, payasadas y bromas.
(Las lágrimas no hacen mal si están medidas en proporción y están bien
batidas con amor), regalos insignificantes como un beso en un momento
inesperado o un papel escrito a las apuradas, pueden ser valorados más
que una joya.
– Julio Cortázar [Fragmento]
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