Una cosa bella es un goce eterno:
Su hermosura va creciendo y jamás caerá en la nada;
antes conservará para nosotros un plácido retiro, un sueño lleno de dulces sueños.
La salud, un relajado alentar.
Así, cada mañana trenzamos una guirnalda de flores que nos ata a la tierra, a pesar del desaliento, a la inhumana falta de naturalezas nobles, a los días nublados, a todos los caminos insanos y lóbregos abiertos a nuestra búsqueda.
Si, pese a todo, alguna bella forma alza el paño mortuorio de nuestro espíritu ensombrecido.
Como el sol, la luna, los árboles ancianos y los nuevos, tendiendo su sombra cálida sobre los rebaños;
Como también los narcisos y el universo verde en el que moran, y los claros arroyos que fluyendo frescos hacia el estío.
Y el claro en medio del bosque, manchado de rosas silvestres;
Y así el sublime destino que imaginamos para los grandes muertos;
Todos los deliciosos cuentos que oímos o leímos;
Fuente eterna de una linfa inmortal que cae sobre nosotros desde la orilla del cielo.
John Keats (1795-1821)
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